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Record de turistas iquiqueños en el Perú
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Record de turistas iquiqueños en el Perú |
VARIOS MILES DE CHILENOS CRUZARON LA FRONTERA DURANTE EL PRIMER FIN DE SEMANA DE LAS VACACIONES DE INVIERNO. SE TRATA DE UN TURISMO DE COMPRAS Y SALUD QUE HA HECHO DE TACNA, EN LA FRONTERA SUR DEL PERÚ, UNA CIUDAD BULLANTE, QUE HUELE Y HABLA CON ACENTO IQUIQUEÑO.
TACNA/PERÚ.- Por encima de todas las expectativas previas, hoteles, restaurantes y los tradicionales centros comerciales no dieron a basto con la multitudinaria presencia de visitantes llegados masivamente desde Iquique, quienes se distribuyeron entre el peregrinaje religioso al Santuario de La Tirana y el turismo de compras y salud en esta ciudad de la frontera sur del Perú, usando el largo fin de semana de Chile.
De acuerdo con las cifras preliminares manejadas por Extranjería de la Policía de Investigaciones (PDI), unos 15 mil chilenos, especialmente iquiqueños, registraron su paso por la avanzada aduanera de Chacalluta, al norte de Arica. La cifra superó por lo menos en 2 mil a la cantidad de turistas que se esperaba que cruzaran la frontera.
De acuerdo con las expectativas preliminares de Extranjería de la Policía de Investigaciones (PDI), unos 15 mil chilenos, especialmente iquiqueños, registraron su paso por la avanzada aduanera de Chacalluta, al norte de Arica. La cifra superó por lo menos en 2 mil a la cantidad de turistas que se esperaba que cruzaran la frontera.
La masiva presencia chilena se hizo patente a partir del viernes en las calles de Tacna y particularmente en las tradicionales ferias que abundan aquí, al tiempo que hoteles, hostales, residenciales y otros centros de hospedajes coparon sus capacidades y como nunca antes, la disponibilidad hotelera del sur peruano fue largamente superada.
Para el jefe de la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo (DIRCETUR), Jorge Anyosa Gutiérrez, esta verdadera avalancha del turismo chileno es consecuencia de “una política gubernamental coherente, que ha logrado generar una empresa comercial y turística competitiva, capaz de acceder ventajosamente a las oportunidades que ofrece el mercado interno y externo”.
Por su parte la empresaria y directora del Comité de Turismo de la Cámara de Comercio de Tacna, Carmen Romero Jara, complementó el dato al señalar que la imagen comercial de la ciudad de la frontera sur peruana es la suma de los esfuerzos conjuntos público-privados que “superando intereses personales, ha puesto a Tacna por encima de todo para construir una oferta turística adecuada, pertinente y actualizada”.
Desde este otro lado de la frontera, en Arica, la visión de poderío turístico receptivo tacneño es compartida, aunque con ánimo opuesto. En la “Puerta Norte” de Chile se entiende que la ciudad es el jamón del sándwich, entre un mall gigante, como Tacna, y un centro hegemónico del poder económico del norte, como Iquique.
Para el gobernador provincial ariqueño, José Durana, esto es históricamente así, porque “no hemos sabido consolidar nuestra oferta como ciudad”. En su opinión, Arica “asistió impávido al tradicional paso de los turistas que vienen desde Iquique a Tacna o que pasan desde Tacna a la provincia de Parinacota, sin considerarnos como destino turístico”.
Al gobernador de Arica, las cifras de esta semana le dan la razón, en parte. Si por Chacalluta salieron más de 15 personas con rumbo a Perú, en estos mismos días pasaron por ese control fronterizo apenas 2 mil personas desde Perú a Chile.
Si el tipo de cambio es ventajoso para los chilenos (190 pesos por 1 sol), el precio de la moneda peruana no lo explica todo.
Como señala la empresaria Carmen Romero, la oferta tacneña no sólo es actual, sino también atingente, “porque los precios, las características de los hospedajes y las ofertas de servicios están orientadas puntualmente a los intereses de los chilenos”.
Esa oferta de la que habla la empresaria tiene tres ejes puntuales: Salud, Gastronomía-hospedaje y Comercio.
IR AL DOCTOR
En materia de salud, el servicio más requerido por los iquiqueños es la odontología. Millares de de los nuestros viajan durante el año al país del norte para acogerse a las ventajosas tarifas de los cirujanos dentales tacneños, que atienden todos los días del año –inclusive sábado y domingo– como una forma de satisfacer la disposición horaria de los pacientes que provienen del otro lado de la Línea de la Concordia. Un ejemplo: en Iquique una intervención como el “tratamiento de conducto” puede llegar a costar 200 mil ó 250 mil pesos y tomar semanas y hasta meses. En Tacna, el mismo procedimiento, con materiales análogos y tecnología similar, no alcanza a llegar a los 100 mil pesos chilenos y el trabajo queda completo en tres días.
Y, aunque el procedimiento y los resultados pueden ser cuestionables, para los pacientes iquiqueños no hay argumentos que lleguen a mermar la demanda.
“Cobran mucho más barato, atienden mejor y sus resultados son tan buenos como los que se pueden encontrar en Iquique”, nos cuenta Ana Aguirre, una hospiciana que registra ficha de paciente con 5 años de antigüedad en la consulta de un conocido y requerido cirujano dentista de la céntrica avenida Bolognesi, donde se concentra la mayoría de las consultas de su tipo.
El otro gran servicio de salud demandado por los pacientes iquiqueños es la oftalmología. Varias decenas de tiendas ópticas y centros oftalmológicos se desparraman por el centro de la ciudad. La oferta es tentadora y los promotores de esos servicios saben distinguir a un potencial paciente chileno. Lo asedian con tarjetas de visitas e invitaciones a “consultas gratuitas”. En las vitrinas los marcos de metal o celuloide, gritan sus ventajas comparativas en materia de precio.
SABORES
En materia de gastronomía, el vecino país posee un verdadero patrimonio. Sin embargo el grueso de la oferta no está en la causa, el ceviche o el ají de gallina, platos emblema de la carta peruana, sino en la cazuela, el pescado frito, la carne a la parrilla o el pollo asado, que son más propios del paladar chileno.
Un menú ejecutivo en el centro de Tacna oscila entre los 7,50 en los mercadillos y los 16 soles en el exclusivo Club de la Unión (1.500 – 2.900 pesos chilenos aproximadamente) y contempla entrada, plato de fondo, postre y refresco. En cuestión de comida del tipo “menú”, focalizada en el turista masivo, la variedad no es mucha, pero eso es reflejo de lo que somos y comemos los chilenos.
La gastronomía más fina y auténtica, no está en la ruta del visitante masivo. Los sabores tradicionales tacneños, como el Choclo con Queso, que es una especie de maíz tierno sancochado y acompañado de queso fresco, o el Cuye Frito en sartén debajo de una piedra plana, están lejos de la ruta del turista medio y hay que buscarla con más acucia.
Si de tomar se trata, la tentación en este paraje no tiene alcohol, sino sabor vitamínico. Los jugos con frutas de la zona (mango, naranja, maracuyá, principalmente) exacerban el paladar por la vista y los aromas. Practicado exclusivamente por mujeres, el comercio del jugo natural florece al amparo de la higiene, la variedad, la calidad y el buen precio.
A ello se suma la oferta hotelera, donde nuevamente resuenan las frases de Carmen Romero, respecto de lo que ofrece esta capital departamental a nuestros compatriotas turistas. La mayoría de los hoteles está constituida por recintos pequeños que entregan habitaciones medianamente cómodas, con baño privado, agua caliente, televisión por cable y comedor para atención de desayuno. Eso, acompañado del buen servicio, la amabilidad de los empresarios y sus funcionarios, se suma a las tarifas: en promedio, un chileno gasta 5 mil pesos diarios por ese tipo de hospedaje. Aunque, claro, hay opciones más baratas y más caras, con menos o con más comodidades.
COMPRAR
A la hora de las compras –un verdadero ritual para un iquiqueño medio– Tacna se torna irresistible. La ciudad tiene una Zona Franca que provee de variedad de productos a precios bajos y venta al detalle. Pero ese no es su atractivo para los nuestros, acostumbrados a su propio sistema franquicio, con productos y precios similares e incluso más convenientes. La diferencia tacneña está en la ropa y la artesanía.
En el rubro del vestuario los confeccionistas peruanos son capaces de fabricar piezas inimitables… que sin embargo son imitaciones. Las poleras más demandadas, o chombas como le llaman acá, son las acreditadas marcas internacionales Lacoste, Tommy y Polo, cuyos precios nunca superan los 3 mil pesos chilenos. En Chile cuestan 25 ó 30 mil. Claro, las que se venden en la Zona Franca de Iquique son originales y las de Tacna, imitaciones.
Pero, ¿quién lo nota sino un verdadero especialista en alta costura?
En los días previos al Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, las poleras rojas con los apellidos de Fernández, Suazo, Valdivia y Vidal, fueron productos estrella.
En esa lógica, los puestos de todas las ferias lucen en primera línea las casaquillas de la “U”, Colo Colo y Municipal Iquique, como si se tratara de temas locales.
Si la ropa es un imán que cautiva a los iquiqueños en las calles de Tacna, los libros no le van en zaga. Estudiantes, estudiosos y hasta comerciantes, se arremolinan en las ferias o puestos de venta para aprovechar la abrumadora comparación con la realidad de los precios chilenos. Una obra bibliográfica de tema técnico y de editorial peruana –original– cuesta entre 30 y 50 mil pesos nuestros, bastante menos de la mitad de lo que vale en la capital de Tarapacá.
En cuanto a la famosa piratería de la que tanto se escucha hablar en nuestra ciudad, ésta opera con inusitado vigor en el mercado de la música y el video. Por 10 soles, 7 u 8 películas. Por el mismo valor, 10 cd’s de música o 3 dvd’s de programas computacionales. Y aunque es sabido que, de regreso, en la aduana chilena requisan ese material, la mayoría no resiste a la oferta y se hace acompañar de sus artistas favoritos o los softwares preferidos.
Al final de cuentas, cada iquiqueño que viaja a Tacna asegura llegar con un maletín y regresar con dos. Y las autoridades del otro lado de la frontera estimen que cada uno de los nuestros deja en promedio 20 mil pesos chilenos por día.
Sin duda, la presencia de los nuestros ha gravitado en el vigor del progreso tacneño. Pero su atractivo no sólo tiene que ver con los precios y el tipo de cambios, que nos produce mejor poder adquisitivo. Tiene relación absoluta con el atractivo que nos suscita una ciudad que ha crecido pensando en nosotros y que se ha propuesto metas tras las cuales se han alineado empresarios, gobierno, comerciantes y pobladores, que tienen algo envidiable: conciencia turística. Esto es, cuidar al visitante, porque de eso depende su regreso.
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